Los “mitos del suicidio” crean un tabú que perjudica tanto a la población general como a los profesionales de la salud.

Desafortunadamente, están bastante extendidos en nuestra sociedad y merece la pena echarles un vistazo para deconstruirlos y saber cómo actuar mejor, más humanamente.

Primeramente, dejemos claro que los mitos son concepciones erróneas sin validez científica, y tienen su base en creencias y juicios de valor presentes en la población general.

El problema reside en que “los mitos del suicidio” provocan un estigma muy negativo que dificulta la ayuda a quienes lo necesitan (dicho por la misma Organización Mundial de la Salud en 2021), lo cual es muy contraproducente.

Así que vamos a hablar de ellos.

Mito 1: Preguntar a una persona si está pensando en suicidarse, puede incitarle a hacerlo

Los estudios científicos demuestran que preguntar adecuadamente no genera esos pensamientos, sino que abre una puerta a la detección temprana e incluso a reducir el riesgo.

Algunas actitudes equivocadas:

  • Culpabilización o minimización (“Tu vida va bien, la gente te quiere, no es para tanto”).
  • Preguntas como: “¿Por qué no has dicho nada antes?”.
  • Dar inmediatamente recomendaciones.

Lo útil es una escucha activa y respetuosa, para crear un lugar seguro donde aliviarse.

Mito 2: Hablar sobre el suicidio públicamente tiene efectos devastadores

Todo lo contrario. Abordarlo como un problema de salud pública, facilita la prevención y el acceso a los recursos necesarios.

Lo que sería incorrecto sería informar de métodos para suicidarse, simplificar las cusas, romantizarlo o vincularlo a trastornos mentales.

Mito 3: La persona que expresa su deseo de acabar con su vida nunca lo hará

Estadísticamente, está demostrado que la mayoría de los intentos de suicidio son precedidos por verbalizar su intención o por cambios en el comportamiento.

Si bien se puede interpretar como una “llamada de atención”, precisamente por eso hay que al menos escucharlo sin juicio, porque a veces la persona no ha aprendido otra manera de pedir ayuda.

Mito 4: La persona que se quiere suicidar no lo dice

Según los estudios científicos, más del 90% de las personas sí avisan: diciéndolo directamente o a través de comportamientos como regalar sus posesiones.

Si nos quedamos en el mito, no ayudamos a la prevención.

Por otra parte, es interesante hablar en este punto de las auto-lesiones. Son un tema más complejo y aunque no significan riesgo inmediato de suicidio, sí son un indicador de sufrimiento elevado o de falta de recursos de regulación emocional.

Mito 5: El suicidio es impulsivo y la mayoría de las personas que se suicidan no avisan

Si bien es cierto que la impulsividad puede ser un factor de riesgo en la conducta suicida, no es un determinante, pues existe un conjunto de factores más allá de lo que solemos ver.

De esta manera, un suicidio puede aparecer como un acto impulsivo e inesperado, o ser algo muy planificado. Generalmente lo que se observa es que, si hubo una planificación, aunque la elección del momento sí que pudo ser impulsiva. Es decir, podemos hacer algo: SE PUEDE PREVENIR.

Es importante escuchar las señales de alarma y de malestar.

Mito 6: Solo las personas con problemas graves se suicidan

Tener una enfermedad mental puede (repito, puede) ser un factor de riesgo, pero no es determinante; es un factor estresante dentro de un conjunto de factores posibles.

De hecho, la acumulación de sucesos estresantes está más asociada a la conducta suicida.

Mito 7: Es un problema aislado y no afecta a la adolescencia

Los adolescentes son un grupo muy vulnerable. De hecho, los datos alarman: El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España entre los jóvenes de 15 a 29 años.

Estos datos nos empujan a dos conclusiones:

  1. Hay que escuchar.
  2. Hay que enseñar a buscar ayuda.

Esta es una de las razones por las que se implementó el programa “Som Imprescindibles” entre 2022 y 2024 por parte de la Generalitat Valenciana, un programa de promoción de la salud mental y de prevención del suicidio y de las autolesiones.

Regularse emocionalmente y buscar apoyo o acompañamiento puede complicarse en todas las etapas vitales, pero imagina en la adolescencia… Donde existen algunos factores de riesgo, como la impulsividad, la dificultad para pensar a largo plazo, y la capacidad de percepción y resiliencia ante las dificultades todavía en desarrollo.

Por otra parte, hoy en día las redes sociales pueden normalizar comportamientos de riesgo creyendo que les sirve para regularse emocionalmente, pero realmente no es así.

¿Por qué se autolesiona alguien?

Hablando directamente con adolescentes suelo escuchar que la autolesión sucede en momentos en los que el dolor psicológico es muy intenso y la autolesión es una herramienta para lidiar con este dolor, a veces, como un castigo o una manera de enfrentar la culpa.

Como prevención, con adolescentes trabajamos juntos/as su sentido de la vida, el detectar cuando se encuentran mal, la búsqueda de apoyo social, qué estrategias les sirven para lidiar con el malestar o para generar bienestar…

…pero, por encima de todo, los adolescentes y los jóvenes necesitan saber:

  • Que existen lugares seguros de escucha.
  • Que pueden aprender otras estrategias para: regularse emocionalmente (que no les perjudican ni ponen su vida en riesgo), y
  • Que, aunque no las conozcan todavía, hay otras estrategias para pedir ayuda: a profesores/as, orientadores/as, padres/madres, amistades, familiares.

Si eres adolescente: me gustaría decirte que tienes derecho a sentirte acogido/a.

Mito 8: La persona que se suicida quiere morir

El suicidio es una conducta de escape del cerebro, ante un sufrimiento que se vive como insoportable e interminable. Es como una visión de túnel en la que la persona se siente atrapada, desesperanzada, y con la necesidad de que el sufrimiento pare.

Nunca significa que la persona quiera escapar ni que sea cobarde o débil, ni valiente o fuerte; esas etiquetas no tienen cabida.

Imagínate que te piden dar un paseo, pero te duele mucho el pie desde hace meses, y no sabes por qué ni qué hacer en ese estado de dolor elevado, o duele tanto que te dificulta hasta las cosas sencillas…

¿Qué necesitamos saber acerca del suicidio?

Cada persona experimenta sus vivencias de una forma, y quizás un problema que para ti sea pequeño, para otra persona sea enorme, o quizás un problema que para ti sea enorme, para otra persona sea pequeño. Lo importante no es juzgar si alguien está lo suficientemente mal.

Estaría bien que no juzguemos el dolor de los demás, que seamos compasivos.

En consulta, los/as psicólogos/as planteamos qué se solucionaría si existieran soluciones alternativas, y normalmente aparece una respuesta de apertura.

Quizás no desaparezcan los problemas, pero desde un estado de agitación o desde un malestar elevado, la persona necesita ayuda para ver alternativas. En esos momentos, no necesita juicios, ni sentirse culpable. Simplemente necesita apoyo emocional y acompañamiento.

Y, a ser posible, ayuda profesional.

Las estrategias de regulación emocional y el sentido de la vida ya vendrán. Pero, para prevenir el suicidio, lo primordial son la presencia y la compasión.

Artículo escrito por Cristina Riesco – Psicóloga del centro